Clases de crochet

¿Que por qué quiero dar clases de crochet?

clases de crochet

Pues verás. Te voy a contar lo que me pasa a mi cuando hago crochet o ganchillo que es lo mismo 😉

Cuando era pequeña, mi madre me enseñó a hacer cadeneta. Yo la veía a ella con la aguja de ganchillo o con las dos agujas de hacer punto y la veía tan concentrada, que me fascinaba ver cómo un ovillo podía convertirse en cualquier otra cosa. Me encantaba el ruido que hacían las agujas al chocar, el tacto de la lana y ayudarla a hacer los ovillos.

Mi primer trabajo en ganchillo fue una cadeneta interminable que iba tejiendo por la calle cuando salía a dar un paseo con mis padres. Caminaba deprisa, me sentaba en un banco y mientras les esperaba hacía cadeneta. De vez en cuando la sacaba y medía las cosas con ella. Me encantaba ver cómo crecía y crecía y me sentía orgullosa.

Después vinieron las diademas de colores. Según las hacía se las regalaba a mis amigas. Me sentía genial regalando algo que yo había hecho con mis manos.

Y de eso pasé,a los 12 años y así sin paso intermedio, a hacer cojines y una colcha ¡de matrimonio! Aquello supuso un reto increible. Fui con mi madre a comprar el perlé (un tipo de hilo) al Gato negro (una tienda de lanas muy conocida en Madrid) y cuando volvimos nos encontramos a una vecina que le dijo a mi madre que para qué había comprado todo ese hilo si seguro que me iba a cansar e iba a dejar el proyecto a medias.

Entonces decidi que la iba a terminar y me puse a trabajar en ella poquito a poco, completando los dibujos y completando cada tira hasta que un buen día, ahí estaba terminada.

Esta es una de las cosas que más me gustan de tejer. Primero surje la idea y hasta que se convierte en realidad, pasa un tiempo en el que hay que ser constante, hacer y deshacer, aprender cuando te equivocas para corregirlo, persistir hasta que logras terminarlo y disfrutar del proceso. Osea, que se parece bastante a la vida.  Y entre medias, pasa la vida y esa labor te acompaña y te ayuda a pasar por el momento que estés atravesando.

Para mi, los ratos en los que tejo no hay preocupaciones ni pensamientos dando vueltas en mi cabeza. Durante el rato en el que estoy tejiendo el mundo se para y sólo estoy yo y mi creatividad. Es el momento en que doy rienda suelta a mi imaginación y mis manos bailan con la aguja y con el hilo transformándolo en otra cosa. Es pura magia.

Elegir el proyecto, la combinación de colores, el tipo de punto… y después, la satisfacción de haberlo terminado.

Muchas veces en el mercado de artesanía, se acercan personas y me dicen que les gustaba ver a sus abuelas, que de pequeñas tejieron algo pero que se les ha olvidado. Otras me dicen que les encantaría aprender pero que se sienten torpes y otras que no tienen paciencia.

Si te gusta y te llama la atención, sólo tienes que empezar. Al principio no sale de una manera fluida. Como cualquier actividad manual requiere práctica para que hacerlo no suponga esfuerzo. Al principio se te escaparán puntos, unos erán más grandes y otros más pequeños y no verás la labor igualada pero qué más da, lo habrás hecho tú con tus manos y eso es lo que le da un valor especial, ¿no te parece?

Ya irás mejorando con el tiempo y se te pasarán las horas sin que te des cuenta tejiendo. “Una vuelta mas y lo dejo” y repetirlo media hora más tarde 🙂

Lo genial es que para practicar los primeros puntos puedes hacer proyectos muy sencillos que podrás utilizar como este sencillo estuche para guardar tus agujas que podrás hacer después de la primera clase.

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Tejer me gusta pero las veces que he ayudado a alguien a tejer me he sentido genial, así que por eso quiero dar clases de crochet y te animo a asistir a ellas.

Si quieres más información ponte en contacto conmigo aquí

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